Modapop | Fragmento I

Julio 10, 2009

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#001. Color artificio | Como ojos cansados llega a mí la polilla de tu boca, moribunda y extenuada por la falta de sabor, la misma falta de sabor que se repite todavía. Todos los labios son iguales cuando besas con el corazón apretado y sentado en el cielo miro el pasto seco, tan seco como tu mirada sin color. Fuegos artificiales y macabros, el verde esperanza se rompe como hueso viejo dejándome desabrido aquí con mis cosas rotas. Y ahora, que no soy dependiente de nada, me doy cuenta que no siempre es lo mejor.

#002. Pentagrama | Un festín de acordes perfumados en el pentagrama asesino, voces dulces y revueltas en una caja mágica, caja sin ojos, oídos ni dientes. Entre caminos verdes y azules mi cabello se iba cayendo como cigarrillos en bocas tristes, como rosas en medio del barro o princesas de zapatilla. Un cuadrado en donde nadie sabe nada y mucho menos si hablamos de amor, comidas sin sal y máscaras doradas / aceitosas. El ‘freakishow’ de dos zombies drogadictos bailando en medio de monolitos y tumbas desconocidas donde se reconocen las letras nihilistas del siglo XVIII ¿un trance psicotrópico? Lo que sea… para mi está bien.

#003. Huracán | El miedo corría tan veloz que parecía volar, y sentado en aquella roca estaba uno de mis miedos justo frente a mi cara. Cerraba los ojos y me preguntaba de qué vendría huyendo ese huracán allá a lo lejos, porqué escapaba tan eufórico dejando a tanta vieja sin casa y tantos escritores sin sus borradores o porqué dejaba tanta guitarra sin arpegios y tantas adicciones huérfanas. Mientras eso ocurría, hojeaba un libro que me miraba triste con sus hojas rotas e historias de mierda tan falsas como la felicidad de esta ciudad voladora que además vuela por capricho ajeno. De pronto vi tu corazón sobre mí, volando y atrás, el miedo, volando, pero de un segundo a otro no lo vi más, ni al tuyo, ni al de nadie.

#004. Polvo / Yo te quería | Una estrella fugaz que fornica con el cielo, con su príncipe miseria con su príncipe miseria que luego de un polvo ‘teenager’ de diez segundos se deja dormir como en resaca de domingo tan solo esperando a que su cabeza no estalle para poder bailar otra vez. Estaba tan inspirado que pude haber escrito mil maravillas recalcitrantes en tu pecho, en tus piernas y en tu entrepiernas. Pero un golpe cometa nos llevó lejos el uno del otro y nunca mas nos vimos.

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#005. Bailando | Como aquellas niñas pálidas que buscaban perversión entre mis piernas aturdidas creyendo que entre las cortinas y la noche nadie las podría reconocer. Aunque después tuve tantos sueños filosos que me resultó complicado tocarlas de nuevo, no sin antes presentar coartadas baratas y maquilladas. Algunos estaremos más de lo acostumbrado y aunque me vista para salir y bailar así con fervor la ropa se irá saliendo sola, acabando con las palabras ciegas del vacío. Pero eso al final nunca importa (ni tampoco importará), porque entre el vino y la noche nadie se da cuenta. O eso creemos en la mañana.

#006. Defectos | Ni el sexo ni el género impidieron la vorágine de querer ver la licorería ante mis ojos, no hubo vidrio ni cigarrillo capaz de detenerme. Sabíamos que la censura era tu peor artimaña, por eso rompí tu corazoncito temeroso escandaloso / preocupado, por eso rompí tu corazoncito tú. Fue la oportunidad indeseada que tuvimos de morir a manos del fervor. Fuimos tan hermosos y opuestos que el fuego entre nosotros hizo arder a todos nuestros amigos convirtiendo esta ciudad en un orfanato con el suelo sucio y las cortinas destrozadas. Nos hice convertirnos en el ojo del huracán, en el hueso desenterrado por un extraño, en la sombra que se derrama de algún accidente, en el humo que se escapa de tu biología, nos hice convertirnos en la maquinaria desperfecta de nuestro futuro. Nos hice tantas cosas, que no comprendo por que siempre vuelves. [para NY]

#007. A modo de indicación | No quiero ver el blanco de las sábanas manchando tu perversión ilícita ni tus escrituras sexuales llenas de incertidumbre. Tampoco quiero sentir a los fantasmas borrascosos que transitan por entre tu soledad hablando como si no los viéramos. Pero eso solo nos pasa por hacernos los idiotas. No quiero que hables de mi ni yo de ti ni tú de él no quiero saber de tu belleza amortiguada por el maquillaje que te absorbió el mar. No quiero que la espuma te ataque con su boca ni sus manos y mucho menos que te llene de sal el vestido y tus lágrimas irrespetuosas llenas de silencio. Quiero dos corcheas tatuadas en mi espalda y que el arpegio de tu voluntad se vaya diluyendo de a poco como un fenómeno de sangre hasta convertirse en una escena disonante y perpetua.

#008. No | No creo que ustedes estén tan solos y mucho menos que el mundo los tenga tan abandonados. Ustedes, amigos, que al mirarlos a los ojos no crean mas que cadáveres y que nadie pensaría que a sus veintitantos no serían más que la desdicha y la falta de ideales arrojados por este siglo de las luces (de neón). Ustedes que se relamen las costras luego de arrancarlas y son tan eclécticos como para creer en algo sublime, en algo que les pueda quitar el hambre o por lo menos que les pueda quitar el sueño. Porque somos los hijos del desquite, del desayuno solitario y la televisión nocturna, somos hijos de las escenas porno eróticas de nuestros padres, por eso cargamos un inconsciente y explícito libido surrealista. Somos hijos de tantas cosas que nada nos sorprende, nunca hemos querido luchar porque no nos interesa. Mientras un beso nos haga sentir bien nos seguiremos besando hasta el cansancio y le diremos adiós a los respetables hijos de la miseria. Un día tomaremos nuestros corazones a punto de reventar con las manos moreteadas, y pagaremos todas las colillas que nos quedan. No creo, amigos, que seamos capaces de perder algo porque al final quizá nunca hemos tenido nada. [a partir de 'no' de Héctor Hernández]

#009. La divinidad del azar | Y aquella posibilidad de violencia tan cadáver y tan deliciosa como un doppelgänger haciendo mímesis de la naturaleza muerta, esa que cae por los escalones bajo el agua recogiendo algo personal de los días de mi abuso. Y es que no me di cuenta que estaba triste hasta que me senté a verte llegar, con la suerte colgando de las orejas y el as de corazón entre mis pestañas revueltas, pensando en alguno que otro comodín fantasma o algún comodín payaso, como Houdinni encerrado en el taller del diablo o como acertijos en boca de murciélagos. Porque cuando la belleza pasa de moda ni la resignación sirve para hacerle frente y tú ahí, intentando sonrisas con lunares sobre el labio mientras fumas con una boquilla de esas sensuales y el viento te sube la faldita esa roja que te hizo tan famosa. Pero la moda es moda y la moda pasa y aunque seas infinita y serializada en masa sigues siendo la pancarta de mi libido como lo fue algún tiempo la anorexia o la sangre. Por eso el azar es la divinidad más oscura de todas y el juego del revólver no siempre te deja ganar.

#010. Carne | Podría ser triste la noche, pero para que si mi formato zombie es diferente, mi formato quiere un ‘Dancing Queen’ o un ‘Protège Moi’ o quizá un ‘Fashion TV’. Podría ser porno la noche pero al parecer ella tenía otros planes, unos con un poco mas de cadencia y sensualidad como cuando bailábamos pop, retro, vintage, kitsch y hasta salsa pero sin fideos ni corbatitas y asi la cumbre a la orilla de la canción se convirtió en nuestro cubil empastillado, sonó ese tango llorón y todos se lamieron y relamieron las heridas y los salivales. De pronto, sexy boy, oh, sexy boy mi sexy boy, mi taxi boy, mi barbie girl, con él nunca se sabe. Y al final, a quien le importa lo que yo haga o diga si teníamos nuestra propia fiesta Almodóvar pero sin Pepy, Lucy y Bom ni otras chicas del montón, solo nosotros que no nos conformamos con el olvido ni con las heridas eróticas del pasado.

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