Modapop | Fragmento II

Julio 12, 2009

#011. Trío / Escala | Puse un montón de tréboles cuatro hojas en tu estómago pero ninguno fue capaz de deshojarse ni convertirse en el interior de una carcajada y mucho menos ser la atracción principal de tus juegos. Organizamos un acuerdo de muerte en donde hablaríamos sin comas ni puntos finales hasta que se nos acabase el aire y en una de esas quizá hasta la pena.

#012. Fandango | Como los gatos que callejeaban por entre la basura de tus altares, persiguiendo el aroma asexuado de los enojos moribundos que han sido hilvanados como construyendo un muñeco de espuma y género reciclado. Como los cronopios a lo Tim Burton que jamás haremos o las medusas que nadan ahora en el ron que compramos anoche, mientras caminábamos por entre los huérfanos de la calle mas paranoica de la ciudad. Dijiste que un día llegaríamos a reírnos de las personas que no nos amaron o de las que simplemente se arrepintieron a medio camino de nuestros pantanos, porque después de habernos iniciado y cancelado tantas veces el afecto / defecto, que ni siquiera retocarnos la vida con photoshop serviría para no sufrir de alcohol. Entonces, a veces, en la noche de porno bauhaus, cuando ya todo fue dicho solo nos queda pararnos a bailar y darnos cuenta que el amor eterno pasó de moda hace tanto tiempo, que casi lo habíamos olvidado. [para B]

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#013. Dualidad | Seguimos siendo los mismos zombies drogadictos de siempre y la meditación alcohólica que te sale por los ojos es sin duda la parte de uno de tus soles color azul, ese azul tan nébula. La cartografía desechable de tus corazones encerrados desprende toda la emoción carcomida por el pasado húmedo de tu conquista. Como nos gusta el ron en ese vaso de leche triphop revolcado, parecido al manjar líquido que resulta la tarde, aquella tarde llena de capas como la heroína esa que tanto nos gusta. Los fantasmas que salieron a abrazarnos así tan emotivos y tan cálidos, hasta nos hicieron olvidar lo mal que pretendíamos estar y solo sabemos que aquella figura de antepasados trágicos se nos perdía entre medio del fluor de nuestra maldad y no podríamos hacer mucho mas que subir el volumen y mancharnos hasta los sentidos con esa lactosa penetrante. [para P]

#014.  Incógnita | Con principio de autopsia, la velocidad del verde de la calle se comportaba de manera sutil y aletargada, como una pieza clásica de la modernidad o como los ‘20th century boys’ que se paran en la esquina de mi casa. Las botellas que se vacían en espiral no sirven para beber la circunferencia de tu sangre, porque la iniciativa resulta de un instinto animal y las apuestas nacen de un huracán de risas podridas. Protégeme como si fueras la venganza de mis humillaciones, como la bomba de tiempo en la que se convirtieron mis ojos, los ojos de un dandy efímero y vividor lleno de partículas elementales como lo son las promesas adolescentes que jamás llegaron y jamás llegarán.

#015. Magia Desbocada | Discúlpame si olvidé llorar cuando dijiste que no me amarías jamás, pero la sexualidad desbocada de tu ortografía me hace transmutar la estirpe, como pensando en los corazoncitos derrotados que buscan escapar de los amaneceres homicidas, esos que me matan la belleza y el hastío de la vida, como los pretéritos y los maniquíes que viven en la azotea de nuestros talentos, esperando ser parte de la portada de moda, la moda de nuestras almas de nuestras vidas de nuestras penas, porque nunca he creído en nada y aún así me quieren porque solo reconozco en mi propio monoteísmo de referentes pop, la inspiración imaginaria de los espermios que se malgastan entre las sábanas de animalitos que tenemos hace ya varios años.

#016. Artilugio dependiente | Éramos tres centímetros acostados en la soledad mirando a las figuras que nos amaban a distancia y nos ofrecían un poco de fervor en efectivo, como si el desborde sexual les fuera insuficiente.  Empezábamos a sentirnos cómodos como los alambres que salen por entre la carne, simulando una placenta destruida y un fetiche technicolor mal sintonizado, como aquel circulo mágico que había en la caldera de tu impaciencia, esa tan etérea que se infecta y flota en el verde vacío de una cápsula presente, porque después de todo, ni los artilugios dependientes de cariño son tan insustanciales como tu armonía.

#017. Derrame | 35 grados en dirección a la ruleta rusa, todos terminamos un poco asustados y muertos de a poco mientras fumamos algo, cada vez que tenemos un orgasmo, la pequeña muerte nos mancha la boca y la cara y nos dice que ahora las canciones de amor se cansaron de hablar de nosotros y de nuestros miedos, porque la desintoxicación evaporada de la gente nos hace sentir las parafilias, la casualidad y la lectura entre líneas. Todo eso mientras algunos jugamos con eso del azar, jugamos con eso y con tu intempestiva pasión, encerradita entre los huesos y las células que te conforman como el artefacto salida capaz de reinventar el sistema deseo. Incluso a veces de dice que piensas en la armonía erógena de tus yemas y que siempre terminas derramándome sobre la mesa interceptada de tu crueldad para que así todos podamos seguir jugando a los amantes.

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#018. Maquillaje | Este findesemana no me miré al espejo, tampoco me afeité ni me puse ese vestido que tanto me gusta. Este findesemana estuve libre de ignorancia, libre de palabras despeinadas y bulliciosas, estuve escondidito en mi sucucho para uno, que al final siempre termina siendo para dos, a veces para tres y de vez en cuando para cuatro o cinco pero no más, porque mi piel no se estira lo suficiente ni cubre tantas sonrisas como pareciera. Este findesemana me quedé solo / solito y por un momento me sentí conforme.

#019. Estéreo | Es como el sendero autónomo que termina en los placeres desabitados de tu casa, intentando ser una afrodita en tiempo de crisis o un enjambre de estereotipos que buscan la perversión entre las ropas sin arrugas. Porque en el medio de la catástrofe nunca perderá el corazón que no amó ni tampoco llorará las penas el que no se marcha.

#020. Autoflagelo | Un montón de abejas desalmadas que intentan hacer el ejercicio escrito de mirarse a través de un pañuelo enmohecido, pero que no alcanzan a ser lo suficientemente carnales como la antropofagia de nuestros deseos. Un montón de avispas acromáticas y desabridas que esperan el fulgor de un día pasado como quien se clava la saliva dentro de la boca o tararea una canción sin ritmo ni tiempo. Un montón de avispas que se quedaron sin aguijón por creerse invencibles ante la pornografía o por hundirse entre sus propios vientres [a partir de 'Avispa' de Gonzalo Millán]

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